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Lectura añadida el: Viernes, 15 de Abril del 2011 - Ha sido leido: 2283 veces

Misterios de la Virgen de Guadalupe.

Los extraños sucesos que la convierten en una de las más milagrosas.

La Virgen es venerada como madre dispuesta a sacrificarlo todo por sus hijos. Una figura arquetípica y pura, que no solamente convive con los ritos cristianos, sino que también con otras culturas, incluso también con otras religiones, tanto orientales como occidentales, cultos paganos y tradiciones aborígenes, ya que todas constituyen representaciones del principio femenino que da vida a la realidad. Dentro de las advocaciones de María bajo la tradición católica, la Virgen de Guadalupe presenta ciertas características que la han llevado a ser reconocida en el mundo entero, incluyendo a los científicos más rigurosos, como un fenómeno sobrenatural que va mas allá de toda comprensión  humana.

“YO SOY LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE… DESEO VIVAMENTE QUE SE ME ERIJA AQUÍ UN TEMPLO PARA EN ÉL MOSTRAR Y DAR TODO MI AMOR, COMPASÍON, AUXILIO Y DEFENSA, PUES YO SOY VUESTRA PIADOSA MADRE”

La historia comenzó en México.

La Virgen santísima (Virgen de Guadalupe) se apareció en Tepeyac, México a un humilde indiecito llamado Juan Diego, el 12 de diciembre de 1531, apenas diez años después de la conquista de México. Durante cuatro días seguidos, la Virgen se comunico con Juan Diego en su propia lengua materna, el náhuatl.

Al identificarse La Virgen (Guadalupe) uso la palabra “Coatlallope” lo cual es un sustantivo compuesto formado por “Coatl”, lo que significa serpiente, la proposición “a” y llope, las cuales significa aplastar, es decir, se definió como la que aplasta a la serpiente.  Luego de reconocida la aparición el vocablo aborigen coatlallope sonó a los oídos de los frailes españoles como el nombre (Guadalupe) por lo que relacionaron el prodigio de la aparición con la muy querida advocación que los conquistadores conocían y veneraban en la Basílica construida por Alfonso XI en 1340. Desde entonces, de ahí en mas esa advocación se convirtió en la “Virgen de Guadalupe.”

La Virgen Mestiza Guadalupe.

A pesar de la intensa labor que desarrollaron durante la conquista española, los sacerdotes misioneros tuvieron poco éxito en su empresa. Por una parte se encontraron con los obstáculos que suponía imponer nuevas creencias religiosas que se confrontaban con las paganas de los aborígenes. Por otra parte, el maltrato que algunos llamado cristianos infringían a los primitivos habitantes de México hacían que estos desconfiaran de los conquistadores y, por ende de esa nueva religión, a la cual eran adeptos y querían convertirlos.

La llegada de la Virgen de Guadalupe propicio la evangelización, de todo el continente, no solo de México. Deliberadamente su imagen muestra un rostro, moreno, mestizo, aun cuando todavía no se había realizado el mestizaje entre los españoles y criollos. Al presentarse como mujer nativa, la Virgen de Guadalupe les enseño que el regalo de la fe es para todos sin distinción de raza. En los siete años siguientes a las apariciones, ocho millones de nativos de convirtieron a la fe católica.

Juan Diego el Indiecito.

El Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin, lo que significa, Águila que habla, o también el que habla como águila, es conocido por haber sido testigo y mensajero de la Virgen Guadalupe durante sus apariciones.  Esto sucedió en el año 1531 en México en el cerro Tepeyac. Este indiecito santo lleno de humildad, fue el elegido por María para enviar sus mensajes. Según la tradición oral y posteriores documentos históricos, como los llamados, Nican Mopohua y el NIcan Motecpana , Juan Diego pertenecía a la etnia indígena de los chichimecas de Texcoco. Cuando fue bautizado ya era un hombre maduro y solía asistir asiduamente a la iglesia. Su humildad y pureza hicieron que la santísima Virgen pusiera en el sus ojos para convertirlo en el mensajero de su palabra.

Juan Diego es considerado embajador mensajero de Santa María se Guadalupe y fue beatificado en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe en la ciudad de México, el seis de Mayo de 1990 por el Papa Juan Pablo II, durante su segundo viaje apostólico a la cuidad de México.

Sus cuatro apariciones de la Virgen fueron y han sido registradas para la posteridad y, por si fuera poco, su imagen quedo indeleblemente grabada en la vestimenta de Juan Diego, el indiecito santo.

A continuación hablaremos de sus cuatro apariciones. 

Primera aparicion:

En el año 1531 en el mes de diciembre, al llegar junto al cerillo Tepeyac, Juan Diego oyó cantar de un modo celestial. Escalo el cerro para ver de donde provenía esa música hermosa y escucho que lo llamaban por su nombre. En la cumbre del cerro vio a una hermosa señora, la cual le dijo que se acercara y le hablo así: “Sabe y ten entendido, tu, el mas pequeño de mis hijos, que yo soy, la siempre Virgen Santa María. Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros junto a los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen: oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le contaras puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has oído.” 

Juan Diego fue sin dudarlo hasta el palacio del obispo, Don Fray Juan de Zumárraga, y le contó lo sucedido, pero el obispo no lo tomó en cuenta.

Segunda aparición:

Ese mismo día, regresó a la cumbre del cerrillo y le contó a la Virgen, a la Señora del cielo lo sucedido. Un ves más la Virgen insistió: “Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra ves vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios te envía.”

Al otro día, al día siguiente, Juan Diego salio de su casa y fue directamente a ver al obispo. Se arrodillo a sus pies, se entristeció y lloró al exponerle el mandato de la Señora del Cielo; que ojala que creyera en su mensaje, y la voluntad de la inmaculada, de erigirle su templo, donde manifestó que lo quería. El obispo para cerciorarse, le hizo muchas preguntas. Pero, aunque Juan Diego explicó con precisión cuanto había visto, el obispo no dio crédito a sus palabras y le pidió señales concretas.

Tercera y cuarta aparición:   

Una ves mas el indiecito Juan Diego regreso con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del Señor obispo. En esta tercera aparición, la Virgen le prometió que al día siguiente le daría la señal prometida. Sin embargo Juan Diego, el indiecito no regresó a buscarla, pues su tío se encontraba gravemente enfermo y le era imposible asistir. Al día siguiente en ves de escalar y subir al cerro a buscar la señal, el indiecito hizo un rodeo por el pie del cerro para evitar la presencia de la Virgen e ir a buscar a un sacerdote  para que le diese la extremaunción a su amado tío llamado Juan Bernardino. De pronto la vio bajar de la cumbre del cerrillo. Un poco avergonzado, se disculpo diciendo que su tío estaba por morir y debería de buscar un sacerdote para que se pudiera confesar. La Virgen lo escucho atentamente y le dijo. “No temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad ni angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estas bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? No te apene ni te inquiete ninguna otra cosa, no te aflija la salud y enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella, esta seguro que ya sano.”

Luego de decirle esto, le pidió que subiera a la cumbre del cerro y cortara las rosas que encontrara a su paso. El indiecito junto las rosas y las envolvió en su poncho. Entonces la Virgen le dijo. “Hijo mío, ésta diversidad es la señal y prueba que le llevaras al obispo.” Fastidiado, el obispo recibió al Juan Diego, y cuando este desplegó su poncho, las flores se esparcieron por el suelo, y en su poncho apareció dibujada la imagen de la Virgen María, que se guarda hoy en día en su Templo de Tepeyácac, bajo el nombre de Guadalupe.